Posteado por: migsar | Lunes 15/diciembre/2008

Bahías “El órgano”, “El maguey” y “Cacaluta”

Este post es parte de: Viaje de verano 2008.

Lo primero que hicimos al llegar fue meternos a nadar, hacía mucho calor y llevabamos un rato sin playa, así que estuvo perfecto, las olas aquí eran un poco más grandes que en Boca del Cielo, pero no demasiado porque era una bahía, después estuvimos perdiendo el tiempo hasta que estaba casi totalmente obscuro y decidimos poner la casa de campaña, no tomó mucho tiempo. El cielo en esta playa se veía increible, se notaban millones de estrellas y no había luz por ningún lado en los alrededores, Sança intentó dormir al aire libre pero había moscos y ruidos extraños en el borde de la playa. El día siguiente fuimos a Cacaluta, dejamos nuestra casa de campaña con todas las cosas adentro, yo sólo me llevé mi cámara fotográfica, le pedimos de favor a una una pareja con niños que llegó temprano en un bote para desayunar en la playa que vigilara un poco nuestras cosas, nos dijeron que se irían al medio día pero creímos que regresaríamos a tiempo.

Para llegar a Cacaluta es necesario llegar casi hasta el final de la carretera que es en la bahía de “El maguey”, unos metros antes está una desviación hacia la derecha y unas estructuras de concreto que impiden el paso de automóviles, es necesario caminar como media hora hasta que termina el camino pavimentado y hay una caseta de vigilancia, a partir de ese punto es necesario caminar otros cuatro o cinco kilometros para llegar a la playa, en tiempo debe de ser alrededor de una hora, no existe ninguna indicación pero tampoco existen desviaciones, simplemente hay que seguir el camino y cuando sea posible ir hacia la izquierda. Al dar la vuelta uno se encuentra una pequeña granja y hay que seguir una vereda para llegar a un camino de arena que termina en la playa. En la granja había unos perros y a mi no se me antojaba mucho seguir pero cuando nos acercamos se alejaron, la temporada en la que fuimos era lluviosa así que partes del camino estaban inundadas y los tipos del lugar donde habíamos pedido permiso nos dijeron que podía haber cocodrilos en Cacaluta así que yo no quería meterme mucho al agua, en realidad no eran más que charcos, con una profundidad de 20 o 30 cm como máximo, pero sí se veía mucho más vegetación que la última vez que había ido y había muchos más mosquitos. Al llegar a la playa nos encontramos un letrero medio descuidado que nos daba la bienvenida y nos pedía no tirar basura en el lugar, después se extiende la arena por al menos 100 m, caminamos hasta el final de la playa donde hay una pequeña laguna que esta vez estaba unida al mar, no completamente pero las olas más fuertes si atravesaban por un pequeño conducto que el mar había formado.

El día estaba muy soleado, Sança fue la primera en meterse a nadar, después me metí yo e intentamos llegar a una islita que esta enfrente de la bahía, me dí cuenta de lo mal nadador que era, me cansé demasiado entre las olas y el intentar desplazarme hacia la isla, cuando estabamos cerca vimos que la playa de la isla era rocosa así que decidimos regresar, Sança me dijo que el regreso sería mucho más fácil y efectivamente llegamos a la playa mucho más rápido, aunque nos habíamos desplazado mucho desde donde estaban nuestras cosas, lo que me hace pensar que no escogimos el camino más corto para nadar hacia la isla. No traíamos ni comida ni bebida ni nada y hacia demasiado calor, tomé algunas fotos y regresamos, el camino pareció más corto esta vez, al llegar al la playa de “El maguey” nos detuvimos para tomar unas cervezas, para entrar es necesario bajar por unas escaleras hasta la playa, en donde se encuentran muchísimas construcciones de palma que ocupan toda la bahía y tienen pequeños cobertizos llenos de mesas, desde el inicio de las escaleras hay niños llamando la atención para que uno vaya a sus locales, no me gustó esta playa, estaba llena de gente y había aún menos olas que en las otras bahías, incluso había varias mesas apartadas en los locales que venden comida, al final nos sentamos en una mesa con vista al mar y nos tomamos unas cervezas antes de volver a nuestra bahía, creo que Sança si fue a nadar un rato, pero a mí no se me antojó y antes de irnos fuimos a buscar un cigarro para ella.

Llegamos a nuestra casa de campaña bastante después del medio día, el sol aún estaba alto y la casa de campaña estaba hirviendo, nos acabamos el agua que llevabamos y pasamos el resto del día entre explorar los alrededores y leer, un poco más tarde queríamos agua y como la ciudad quedaba demasiado lejos fuimos a uno de los arroyos que desembocaban en el mar y tomamos un poco de esa agua y guardamos un poco en las botellas que llevabamos, aún me pregunto que tan limpia habrá estado esa agua pero afortunadamente no nos hizo daño. En al tarde me puse a jugar con los muchos cangrejos que habitaban la playa, atrapé a un pequeño cangrejo ermitaño que tuve por mascota un rato. A media noche tembló y fue algo bastante extraño, el temblor no se sintió nada parecido a los que he sentido en el Distrito Federal, aquí la sensación es de un bamboleo demasiado potente pero con cierto ritmo, se siente como se mueven las estructuras como cuando se está en un barco, en cambio, el temblor que nos toco por allá fue algo demasiado rápido, era una oscilación como si taladraran en piso sólo que a una escala mucho mayor.

El día siguiente en la mañana salimos hacia Huatulco para ir a la ciudad de Oaxaca, nuestra dosis de sol se había satisfecho, al llegar a Huatulco desayunamos yo una cerveza y Sança café, después preguntamos sobre la central de camiones nos dijeron que había dos la de OCC que son de primera clase y otra, fuimos a la segunda para buscar un autobus de segunda clase, al llegar vimos que no estaba abierto hasta la tarde, así que regresamos a la carretera y tomamos un camión hacia Pochutla para de ahí seguir a Oaxaca, el camino a Pochutla es corto, dura unos 40 minutos, llegamos pasado el medio día, fuimos primero a un café internet y después buscamos el camión pero acababa de salir y el próximo salía hasta las 21:00, así que fuimos a unas camionetas que salían cada media hora, acababa de salir una pero nos quedamos un rato en la terminal comiendo esperando que saliera la próxima, ahí conocí a Carla y Raúl, aunque en ese momento no les hablé sino hasta Miahuatlán en una parada que hizo la camioneta unas horas antes de llegar a Oaxaca. La camioneta iba llena y el camino atraviesa la sierra por lo que serpenteaba y era difícil dormir, además ibamos un poco apretados. De Pochutla a Oaxaca hicimos como ocho horas y llegamos ya bastante tarde.

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