Este post es parte de: Viaje de verano 2008.
El día siguiente yo decidí ir a San Juan Chamula, salí del hostal con Bárbara alrededor de las 10:00 y fuimos a buscar unas pilas nuevas para mi cámara y ella un banco, intenté convencerla de que fuera pero dijo que caminando no y que vería a Dana y George, que si los convencía nos veíamos por allá. Pues me fui solo y me perdí un rato en las callecitas de San Cristóbal pero para mi buena fortuna ví un letrero que decía San Juan Chamula y empecé a caminar hacia allá, la salida es un trayecto un poco feo pues era caminar mucho rato por una calle bastante concurrida y entré camiones viejos y ruido no se disfrutaba nada, después empiezan a desaparecer las banquetas y poco a poco uno se da cuenta que dejo la ciudad y está a bordo de carretera, lamentablemente no hay otro camino, así que es necesario ir por los senderos que hay a un lado de la carretera, por lo que noté estos senderos son usados principalmente por señoras indígenas con sus hijos pues curiosamente los señores si toman los colectivos. Después de caminar un rato pregunté a un chavo si iba bien porque no había indicaciones y me dijo que sí pero que mejor tomara el colectivo, le dió bastante risa el oir que me iría caminando. Empecé a caminar y el día estaba increible, curiosamente estaba muy soleado y con unas nubes extremadamente contrastadas que se perdían en el horizonte, sobre mí sólo el cielo azulado, todos los días que había estado allí llovía en las tardes, pero varios llovió todo el día, el camino va entre la montaña así que siempre se ve a alguno de los lados una pendiente pronunciada y el valle abajo a lo lejos. Realmente no se bien cuanto tiempo pasé caminando, era aún temprano y tenía mucha energía, además mi celular había muerto en Tulum gracias a una ola y desde entonces no me importaba la hora (a decir verdad antes tampoco me importaba mucho) llegó un momento en donde la vista de las nubes a lo lejos, el sol en posición cenital y los distintos matices de verde, pues el de los campos cosechados es muy diferente al de los bosques y también cambia entre los distintos cultivos y a diferentes distancias, me hicieron sentirme en una especie de sueño, se veía que había un viento al mirar hacia las copas de los árboles pero no se sentía absolutamente ninguna brisa, las casas de San Cristóbal habían quedado atrás y de repente pasaba por una pequeña casa rústica habitada por campesinos, pero tampoco eran muchas, por lo tanto me sentía como en un lugar atemporal y ajeno a todo el desarrollo humano, en cierto momento recordé muchísimo un viaje que había tenido mucho tiempo atrás en circunstancias un poco más misteriosas (los que me conozcan sabrán a que viaje me refiero), sentía que al caminar realmente lo que se desplazaba era el mundo, o la ilusión del mundo que tenía en mi mente y que yo seguía estático en el mismo punto en el que había estado siempre desde que nací. En algún punto llegué a una “Y”, el camino de la izquierda subía e iba para Zinacantán, el de la derecha iba a Chamula, tomé el de la derecha de modo automático y seguí concentrado en mis pensamientos, caminé otro rato y poco a poco volvió a aparecer la gente hasta que llegué a la entrada de San Juan Chamula, me asombré al ver la cantidad de habitantes, yo esperaba algo mucho más pequeño, justo al entrar hay un montecillo con unas escalinatas en ruinas, me llamó mucho la atención pero decidí que primero tenía que conocer la iglesia del lugar, días atrás en el hostal me habían contado como estaba el asunto y yo estaba decidido a no pagar la cuota de entrada, pregunte como llegar a la iglesia y empecé a bajar por el camino, había una reunión extraña con música y baile y unos voceros que decían algo que no entendía ni queria entender (era español pero no estaba de humor para ponerle atención) estaba en obras el camino y no se podía pasar en coche, había una excavación y después un tramo de terracería, me empezó a hablar un chavo de ahí que iba a hacer un mandado cerca de la iglesía y le pregunté qué era Zinacantán y si valía la pena conocerlo, me dijo que sí, que estaba bonito. Al llegar a la plaza me sorprendí un poco, estaba totalmente invadida de puestos, me dijeron que era el mercado, en la mayoría no se vendía nada y solamente estaba la estructura reservando lo que posteriormente sería el puesto, esto era porque entre semana no había tantas visitas, así que solo estaba totalmente activo los domingos, sin embargo, aún entre semana no se despeja la plaza.
Tenía hambre pero ví unos cuantos puestos llenos de gente pálida (gringos) y que hablaba idiomas extraños (inglés) así que decidí que comería después, fui hacia la iglesia nada más para ver que onda, al acercarme ví la puerta cerrada y un simpático pueblerino protegiendo la entrada que me vio y me dijo que tenía que pagar primero, pensé en que no quería entrar pero alguien entró y ví un poco de la arquitectura (una araña con velas en el techo y los vitrales en que dejaban pasar unos hilos de luz) y decidí que $20 pesos no era mucho por ver la arquitectura aunque me molestara todo el rollo religioso, entonces fui a la oficina de turismo de la localidad que es un cuartito de 2×2 con un tipo sentado y compré mi boleto, al salir una chica me empezó a intentar vender cosas, le dije que no me interesaba y me regalo una pulserita, seguí hacia la iglesia y como me seguía le dije que al salir veíamos si le compraba algo, entré a la iglesia y la atmósfera era muy agradable, como de algún sueño extraño y carente de significado, no hay ni una silla en el lugar, a los lados había varias estructuras de madera y varias figuras de santos, entraba la luz por los vitrales y había muchas velas por todos lados, sin embargo, no se sentía un ambiente viciado, no había olores ni ninguna otra cosa, el piso estaba lleno de ramas de pino y de repente aparecía gente hincada haciendo sus ritos al fondo en donde está el altar (o algo así no sé nada de las partes de una iglesia) había muchas más velas y estaban haciendo otros ritos, no hablaré al respecto porque realmente me desagrada bastante todo esto, si se toman en serio su religión sea la que sea no deberían prostituirla de ese modo (dejar que cualquiera entre a admirarlos por $20, es decir, si no les molesta la entrada debería de ser gratuita como a cualquier iglesia y si les molesta no debería de permitirse la entrada y punto) y no creo que la iglesia católica deba tolerar ese uso de una iglesia, pero en este loco mundo vivimos, donde todo tiene precio en dinero, que a largo plazo no sirve para mucho en malas manos. La arquitectura me gustó mucho, las arañas, los vitrales, el techo de madera y un pequeño palco al que nunca entendí como subían, creo que valió la pena entrar pues generé un bello recuerdo estético y varias imágenes que podré utilizar después de un modo u otro. Al salir la chica seguía por ahí y me empezó a convencer de comprarle, le pregunté que era lo mas barato y me dijo que unas pulseritas de 3 x $10 o un cinturón, no quería ninguno, pero pensé que el cinturón podría regalarlo de regreso al D.F., me dijo que costaba $50, le dije que sólo tenía $27 y me dijo que estaba bien, así que se lo compré (unos días después lo ví en uno de los mercados de San Cristóbal en $15 y después lo bajaron a $10 para que lo comprara, con este comentario intento exponer como son las cosas por allá, no cuestiono cuanto podrá ser el valor real del cinturón o la pulsera pero en cualquier caso yo no quería ninguno de los dos así que cualquier cosa es excesiva, sin embargo, creo que a ellos también les beneficiaría mucho más a largo plazo el establecer precios para sus productos que se mantengan en toda la zona, sin robar y sin regatear). Tomé el camino de regreso y al llegar a la entrada de San Juan Chamula decidí subir las escaleras para ver a donde llevababan, en la cima había una cruz y unas cuantas piedras, tomé una pequeña siesta en ese lugar y después empecé a caminar de regreso, me sorprendió en el camino encontrarme a un señor ya grande que vendía bon-ice y que al parecer hacía la misma travesía que yo como algo rutinario, es difícil imaginar todo ese trayecto llevando a cuestas el carrito donde tenía los bon-ices.
De regreso y después de mi ligera siesta estaba muy feliz y disfrute otra vez del increíble paisaje que ofrece toda esa zona, al llegar a la “Y”me dí cuenta de que aún era muy temprano y no estaba cansado así que decidí ir hacia San Lorenzo Zinacantán (la realidad es que sí estaba un poco cansado porque llevaba chanclas pero pensé que si no iba ese día no volvería y tenía razón) el camino iba hacia arriba y fue un poco pesado, pero solamente era atravezar una montaña y al pasar todo el camino era de bajada hasta Zinacantán, se veían unos invernaderos bastante grandes en las faldas de la montaña y al fondo en un pequeño valle se encontraba el pueblo, la iglesia resaltaba en el centro, el camino era un poco más largo de lo que parecía pero el día estaba soleado y con viento así que no me importó tardarme un rato, realmente el pueblo es muy chico, no había mucha gente afuera, desde que llegué en un arco estaban unas chicas vendiendo productos de tela, algunos bordados, y a lo largo del pueblo había varias casas que se dedicaban a lo mismo, en algunos incluso se veía a las señoras trabajando con el telar de cintura, me gustó bastante su trabajo y creo que el precio aquí era un poco menor al de San Cristóbal. Después recorrí un poco las calles del pueblo y terminé en la iglesia, estaba abierta y decidí entrar pero a los pocos segundos llegó un señor a pedirme dinero (tienen la misma política turística que en San Juan Chamula, en la entrada del pueblo había visto un anuncio de pasar a pagar el permiso para visitar los sitios pero creí que era broma) y le dije que no tenía y me pidió que saliera, así que no ví mucho de la iglesia, creo que era algo mas grande que la se Chamula y mantenía la apariencia de iglesia un poco más. Me senté un rato afuera de la iglesia, en ningún lugar había sombra pero ya estaba cansado así que no me importó, le pregunte a una señora que pasaba si había un mercado o algún lugar para comer y me dijo que el mercado solo se ponía los domingos y me dijo que alrededor de la plaza había varios lugares, pero ví un restaurante que estaba cerrado y los otros eran abarrotes así que decidí esperar hasta el regreso, que fue un poco más largo pues tuve que subir todo lo que había bajado en algún momento pareció que llovería pero para mi buena fortuna no fue así.
Durante el regreso me empezó a doler un poco un talón y al llegar a la ciudad me desesperó bastante volver a oir todo el tráfico, el ruido y la gente, nunca había sabido exactamente el camino pero no quería preguntar así que camine hasta topar con monte, y dí vuelta a la izquierda, esto fue bueno porque de casualidad pasé por la Plazuela de la Merced y el Templo del Calvario que me gustaron muchísimo, sobretodo el pequeño jardín que hay en el templo, no entré porque ya estaba muy cansado, solo me parendí la calle para volver después. De esta parte del trayecto no tome fotos porque mi cámara había muerto y las pilas me habían parecido muy caras, realmente me arrepiento de no haberlas comprado, pues los paisajes durante la caminata estuvieron increíbles, y me hubiera gustado mucho tener algunas fotos de San Cristóbal y sus alrededores, supongo que tendré que volver.