Este post es parte de: Viaje de verano 2008.
Yo no conocía la ciudad, había estado una sola vez y alrededor de media hora, Raúl nos comentó que el conocía un hostal y fuimos los cuatro a buscarlo, atravesamos la plaza principal, subimos por una callecita para peatones, en la que no se permite el paso de automóviles y se ha convertido en algo así como un corredor turístico, llegamos a una iglesía seguimos caminando y nunca encontramos nada, poco después preguntamos en otra en la que no tenían lugares y nos dijeron que había cerrado dos años atrás, terminamos en un hostal que parecía sanatorio, costaba un poco caro y no incluía nada, pero había lugar, el cuarto tenía 5 camas pero dos ya estaban ocupadas, así que necesitabamos una más, la chica llevó un catre, el baño estaba dividido, la primera parte, es decir, el escusado estaba en una esquina del cuarto separado por una delgada pared de madera, como es fácil imaginar era difícil tener privacidad para ir al baño, las regaderas estaban en un pasillo y eran dos regaderas sin división alguna entre ellas. De cualquier modo nos quedamos esa noche, dejamos nuestras cosas y fuimos a buscar comida y alcohol, primero fuimos al mercado que esta junto a la plaza principal para buscar comida, ya estaba cerrado, pero en la calle había unos puestos y Sança y yo nos comimos dos tlayudas cada uno, de regreso al hostal tomamos unas cuantas cervezas en un bar que habíamos encontrado mientras buscábamos el primer hostal, después regresamos y fumamos un poco en el balcón del hostal antes de dormir.
El día siguiente desde temprano empezamos a buscar otro hostal, encontramos uno que se veía razonablemente bien pero por suerte no nos quedamos porque después encontramos otro que estaba mucho mejor y en el que nos quedamos el resto del tiempo que estuvimos en Oaxaca, este último se llama Hostal Santa Isabel y está como a 10 minutos a pie de la plaza central, no recuerdo bien cuanto costaba pero estaba muy bonito el lugar, tenía cocina, una pequeña terraza, un patiecillo central en donde había mesas y algunos sillones y había muchas plantas que ayudaban mucho al aspecto agradable del lugar, además como extra, tenía un café junto en el que vendían cerveza barata y cubetas (de cerveza obviamente).
Los días que pasamos en Oaxaca fueron bastante relajados, suficiente alcohol, suficiente descanso, lugares bonitos, gente buena onda. El día en que nos cambiamos de hostal yo fui al Ex-convento de Santo Domingo de Guzmán que actualmente es el Museo Regional de Oaxaca, la entrada es gratuita para los estudiantes, ese día iba sólo y me quedé un buen rato leyendo todas las cosas que había en las primeras nueve o diez salas, pero después ya estaba muy cansado y decidí que volvería el día siguiente, volví con Sança y entramos primero a una exposición de Edward James y las pozas de Xilitla, había un video documental bastante interesante y nos quedamos a verlo todo, después ya no tenía mucha paciencia como para leer el resto de las cosas del museo, así que quedó pendiente pero no volví en el resto del tiempo que pasé en Oaxaca. En la tarde fui con Sança, Carla y Raúl a buscar un poco de mezcal, primero pasamos a la plaza central a tomar unas cuantas muestras gratis para finalmente no comprar nada, bueno, Carla si compró una mini-botellita. Había mezcal tal cual y unas cremas con algo de mezcal, sabían rico pero yo siempre he sido un poco más alcohólico así que las cremas no daban el ancho, después fuimos a buscar una tienda de mezcal más barato que nos habían recomendado en uno de los hostales que visitamos, estaba lejos del centro y cuando creíamos que estabamos perdidos preguntamos y nos dijeron que estaba a una cuadra, así que llegamos y nos dieron unas pruebas y terminé comprando dos litros de mezcal, uno para ellos y uno para mí, en realidad, esa noche y las siguientes con Raúl y otras personas del hostal nos acabamos las dos botellas, sólo quedó menos de un vaso de la última que llegó hasta el D.F. y no pasó del primer día por acá. Después de comprar el mezcal fuimos a un concierto en el Museo de Arte Contemporáneo porque había un festival internacional y la entrada era gratuita, estuvo bastante bueno y eran piezas no muy conocidas (al menos para mí) pero muy interesantes, y después de eso a vagar por la zona para buscar cena.
Creo que los días que me quedé tomando en el hostal platiqué con varias personas, pero no podría asegurarlo por esa condición extraña, que creo ya haber mencionado, gracias a la cual pierdo la memoria cuando empiezo a tomar (ahora que lo reflexiono no suena muy extraña), recuerdo vagamente que hablé un poco con unos gringos y con una alemana llamada Inia, pero no tengo idea de que hablé con ninguno, también hablé con un chavo del D.F. con el que fumé un poco y terminamos buscando comida en la madrugada sin mucho éxito porque no teníamos mucho dinero. Cuando estuve en el museo ví varios lugares a los que quería ir y el día siguiente pregunté para ver si era posible llegar caminando a alguno de estos pero me dijeron que estaban muy lejos así que ya no intenté ir. La comida era algo divertido, una vez fuimos al mercado en la mañana para desayunar pan dulce y chocolate, y estuvo bastante rico, hay muchos mercados, pero fuimos al más cercano al centro, varias veces compramos comida en el supermercado para cocinar en la casa y varias veces me indigesté debido a mi poco criterio al decidir cuanto debo comer. Carla y Raúl se fueron antes que nosotros porque pasarían a Puebla unos días, el último día que estuvimos ahí fue básicamente esperar la mitad del día en el hostal, con la ingenua idea de salir para llegar en la noche a la Ciudad de México, pero al llegar a la central de Antequera (el antiguo nombre de Oaxaca) que es la central de autobuses de segunda nos dijeron que los camiones salían hasta las 10 de la noche, así que estuvimos el resto del día tirados tomando el sol afuera de la central de camiones.
En el camión de regreso venía con nosotros un chavo evangelizador o algo así que se la paso hablando casi todo el camino sobre como había descubierto la religión y lo importante que era, llegamos como a las 5:00 de un domingo a la central de autobuses TAPO que está por la estación del metro de San Lázaro, ahí ví a Inia que nos dijo que había salido una hora después que nosotros de la misma central. Para nuestra desgracia los domingos el metro abre hasta las 7 así que tuvimos que pagar un horrible y caro taxi de sitio y así terminó mí viaje.













































